En ocasiones puntuales, o cuando viajamos al extranjero, nos parece que la vida, o más bien la sociedad en España, no ha evolucionado.
Para personas muy progresistas o muy jóvenes puede parecer que las cosas no cambian, pero cuando nos paramos a mirar el pasado y a reflexionar con algún mayor de nuestro pueblo nos damos cuenta que la vida ha evolucionado y mucho. Han cambiado mucho las cosas y gracias a las personas que han intervenido en ello, que han trabajado y que han sacrificado, incluso, en ocasiones, hasta su vida.
“Este mundo algo lo mueve”, fue lo primero que me dijo el gaucineño Antonio Valle Medina cuando fui a visitarle a su casa, porque me habían dicho que era un fiel lector de la Revista y, además, una persona de muchos principios, por los que siempre había trabajado.
La casa de Antonio y su señora Ana dice mucho de estas personas. No es una casa moderna, no es una casa llena de lujos, ni suelos de mármoles. Es una vivienda muy agradable. Produce un gran alivio en estas fechas al entrar de la calle en esta casa de la calle Cañamaque de Gaucín. Está toda excesivamente limpia. Las paredes encaladas y blancas, las lozas de barro desde el amanecer fregadas… Una vivienda acogedora; cómoda pero austera.
Antonio charla al mismo ritmo que funciona su mente. Continuamente está hablando y emitiendo información porque lee muchísimo, sabe muchos datos y conoce muchas biografías. Se conoce toda la dinastía de reyes y papas. Todo esto es sorprendente en una persona de 86 años, pero no menos interesante ha sido toda su vida, porque como él dice “lo importante es tener conciencia de todo lo que nos rodea”.

Este hombre se quedó huérfano de madre junto con sus tres hermanos cuando tenía catorce años. Pero ya desde los nueve años estaba en el campo guardando cerdos.
Me cuenta Antonio que quizás incluso su madre murió porque si había dinero había médico y medicinas, pero si no, nada.
Recuerda que en su mismo pueblo había familias con más de una “criada”, porque ninguna pagaba, o pagaban muy poco, y que él y su familia pasaban mucha miseria, por eso no fue a la escuela, sólo fue un mes. Tenía que ir a trabajar para poder llevar algo a la casa, no para lujos, sino para comer y no mucho. Por cosas como éstas asegura este hombre que saltó la revuelta y se lió una guerra. “Se trabajaba de sol a sol, pero los pobres no ganábamos nada. Mi padre y mis hermanos trabajábamos, pero casi no llegaba para comer”.
Con dieciocho años se fue a la guerra como voluntario. Lo hizo para ir a la zona liberal y, ya que tenía que luchar, luchar por lo que creía. Pasó tres meses en un campo de concentración en Tarragona, pasó al Batallón de Trabajadores en Barcelona y luego a otro en Algeciras. De ahí pasó a Marruecos, que fue donde mejor lo trataron. Cuando se disolvieron los batallones de trabajadores fue al VI de Regulares de She Sajen y de ahí a Nador, al II de Regulares de Caballería. Caminó por medio desierto marroquí para ir de un batallón a otro… Y piensa que no fue del bando de los perdedores, porque, aunque haya tardado, piensa que entre unos y otros se ha ido fraguando la democracia. Además, entre una cosa y otra pasó a Francia, huyendo con unos cuantos compañeros más, pero se volvieron, porque lo que había en Francia tampoco era lo que ellos buscaban.
Volvió al pueblo, siguió trabajando mucho, se casó, tuvo hijos, y ahora tiene nietos y bisnietos. Tiene su pensión, y vive los meses fríos en Alhaurín de la Torre por su salud; vive con una hija allí, y cuando vuelve al pueblo está con la otra hija. Ahora no pasa necesidad ni él ni los suyos, pero su conciencia nunca le ha traicionado y aún hoy en día sigue diciendo que sabe mucho “de los desmayados y los que comen”.
Este gaucineño es un orgullo para su pueblo. Es una de esas personas que con su vida, con su esfuerzo, ha correspondido con la sociedad y con el bienestar que hoy tenemos y que a pesar de su edad no deja de ser productivo, sigue leyendo, aprendiendo para conocer y dar a conocer a los demás. De su conocimiento nace esa aversión que siente hacia la guerra, ese rechazo de pleno ante los actos violentos, porque además él ha vivido una guerra y siente cómo no está justificado tanto dolor pudiendo buscar otras soluciones.
¡Larga vida, Antonio!
Estoy orgullosa de poder disfrutar de unos vecinos como Antonio Valle y Ana, tan queridos por mí.
Nuestro mejor saludo para este matrimonio, nos alegramos de verlos en éstas páginas.
Reciban nuestro más cordial saludo de unos paisanos desde Algeciras.
Mucha salud y suerte.